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Vuelta Vertical: cuando B&G navega donde el mundo termina

Un velero de aluminio de 20 metros. Dos españoles. Cuarenta mil millas conectando los dos polos del planeta. Y en cada maniobra, en cada decisión de ruta, en cada guardia nocturna frente a los icebergs, la tecnología de B&G siempre presente. 

Hay una línea en los mapas que los navegantes reconocen antes de llegar a ella. No por lo que marca la carta, sino por lo que dice el cuerpo. A los 50 grados sur, el océano cambia de carácter. Las olas ya no son oleaje: son arquitectura en movimiento, estructuras de agua de diez metros que el viento construye sin pausa desde hace siglos porque no hay tierra que las detenga. Los que han estado allí hablan de ello con una mezcla de respeto y algo parecido a la fascinación. Los que aún no han llegado lo intuyen en los partes meteorológicos.

Paula Gonzalvo y Pedro Jiménez ya cruzaron esa línea.

Están en el Océano Austral a bordo del Alegría Marineros, un velero de aluminio de 20,5 metros —68 pies— diseñado específicamente para resistir lo que muy pocos barcos del mundo están preparados para resistir. Y lo están haciendo en el marco de la Vuelta Vertical, una expedición que desde el 15 de noviembre de 2025 redefine lo que significa rodear el planeta en vela: no de este a oeste, como dictan los vientos alisios y la tradición oceánica, sino de sur a norte, de la Antártida al Ártico, atravesando los cinco océanos y cruzando el Ecuador dos veces en un viaje de más de 40.000 millas que debe completarse en doce meses.

No es una vuelta al mundo más. Es, probablemente, la vuelta al mundo más ambiciosa que haya salido de un puerto español.

La idea que nadie había ejecutado

La Vuelta Vertical nace de una pregunta simple pero incómoda: ¿por qué nadie ha conectado los dos polos en una sola travesía en vela? La respuesta tiene varias capas. La primera es técnica: un barco que quiera navegar en latitudes antárticas y luego forzar el Paso del Noroeste en el Ártico necesita una combinación de robustez, autonomía y redundancia que muy pocos veleros poseen. La segunda es logística: una ruta de estas características exige planificación al milímetro, ventanas meteorológicas muy ajustadas y un equipo capaz de aguantar doce meses sin interrupciones reales. La tercera es humana: hace falta tripulación que haya estado antes en esos lugares y sepa que la experiencia previa no garantiza nada, pero sí enseña a decidir mejor.

Paula y Pedro tienen las tres condiciones cubiertas. Pero también tenían claro desde el principio que, sin la tecnología adecuada, ninguna de las anteriores sería suficiente.

Paula Gonzalvo: la capitana que convirtió el océano en relato

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Hay algo en Paula Gonzalvo que descoloca a quien la escucha por primera vez. Habla del mar con una precisión técnica que solo dan las millas —más de 65.000— y al mismo tiempo con una cadencia narrativa que convierte cada guardia nocturna en algo que merece ser contado. Arquitecta, capitana oceánica de formación, comunicadora por vocación, lleva años siendo una de las voces más reconocibles de la divulgación náutica en España a través de su plataforma Allende los Mares.

En la Vuelta Vertical, Paula ocupa simultáneamente dos roles que en la mayoría de las expediciones suelen estar separados: es quien toma decisiones de ruta y también quien las explica al mundo. Esa doble función —navegar y contar— es parte fundamental del ADN del proyecto. "Queremos que cualquiera pueda sentir lo que significa navegar en los polos y entender por qué es vital protegerlos", ha explicado en varias ocasiones.

Su capacidad para hacer accesible lo técnico sin sacrificar la verdad de lo que ocurre a bordo es, en cierta manera, la que convierte la Vuelta Vertical en algo más que una expedición de élite: la convierte en una experiencia compartida.

Pedro Jiménez: el capitán que piensa en el barco primero

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Pedro Jiménez acumula más de 200.000 millas navegadas, un número que, para quienes no viven el mar, es difícil de dimensionar y que para quienes sí lo hacen equivale a haber dado la vuelta al planeta unas ocho veces. Fundador de Alegría Marineros, su plataforma de náutica y comunidad de navegantes, Pedro es el arquetipo del marino de fondo: alguien que ha aprendido que la diferencia entre llegar y no llegar rara vez está en el coraje y casi siempre en la preparación.

Su experiencia incluye varias expediciones polares anteriores —tres en la Antártida entre sus créditos— y cruces del Atlántico y el Pacífico que habrían bastado para construir una carrera oceánica completa. La Vuelta Vertical es, en ese sentido, una acumulación de todo lo aprendido en un proyecto que exige cada gramo de ese conocimiento.

Habla del mar con calma profesional, esa que llega cuando la rutina se ha convertido en supervivencia organizada. "El mar nos recuerda que todo está conectado: lo que ocurre en los polos afecta a cada rincón del planeta", resume con la economía de palabras de quien sabe que el océano siempre tiene la última palabra.

El barco: aluminio, redundancia y sin margen para el fallo

El Alegría Marineros no es un barco de competición. No está diseñado para la velocidad sino para algo más difícil: durar. El casco es de aluminio, material que en zonas polares marca una diferencia crítica respecto a la fibra cuando hay hielo flotante de por medio. Con 20,5 metros de eslora, 5,4 de manga y 3,2 de calado, combina espacio suficiente para vivir durante un año con la resistencia estructural que exigen latitudes extremas.

El principio de diseño central es la redundancia: dos pilotos automáticos, dos radares, múltiples fuentes de GPS, triple enlace satelital. En navegación oceánica de alta latitud, los sistemas no fallan de uno en uno: cuando las condiciones se ponen difíciles, las exigencias se multiplican simultáneamente. Un barco que no tiene respaldo para sus sistemas críticos no es un barco polar; es una apuesta.

La autonomía está dimensionada para travesías de semanas sin escala: 1.500 litros de agua más potabilizadora, 2.500 litros de diésel para un alcance de 3.000 millas a motor, y un sistema eléctrico que combina baterías, generador, placas solares, hidrogenerador y aerogenerador. A bordo hay también un laboratorio científico funcional: bomba de zooplancton, red de microplásticos, sensor de CO₂, ADN ambiental, hidrófonos y un ROV para inmersiones de observación.


B&G: cuando la precisión es la diferencia

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En la lista de sistemas de navegación del Alegría Marineros hay una presencia constante: B&G. Como partners tecnológicos de la expedición, al equipo con una solución integral basada en nuestros sistemas: plotter, sensores de viento, sonda, dos radares y dos pilotos automáticos. Una arquitectura de navegación diseñada por B&G para ofrecer el máximo rendimiento en cada travesía.

En un velero de crucero convencional, la calidad de la instrumentación impacta en la eficiencia y la comodidad. En el Océano Austral o en las aguas del Ártico canadiense, impacta en otra cosa: en la supervivencia.

¿Por qué? Porque en latitudes extremas, navegar deja de ser un ejercicio de seguir un rumbo. Se convierte en una lectura permanente y simultánea de variables que cambian con rapidez: la presión barométrica cayendo en cuestión de horas, el viento girando 90 grados sin previo aviso, la mar formada que cambia la dinámica del barco y exige ajustes constantes de trim. Y sobre todo, el elemento que reescribe todas las reglas: el hielo.

El hielo no es un obstáculo estático. Es tráfico vivo. El iceberg A77, al que la expedición siguió el rastro durante días en las aguas del Atlántico Sur, se desplazaba a razón de decenas de millas diarias. Anticipar dónde va a estar un coloso de hielo mañana cuando hoy estás a 50 millas de distancia y tienes 40 nudos de viento en la cara no es un problema de valentía, es un problema de datos, de lectura del radar, de integración de información en tiempo real. Exactamente lo que los sistemas B&G están diseñados para ofrecer.

Pedro Jiménez lo explicó desde el barco con la claridad que dan las horas de guardia: en navegación extrema, "la épica cuenta, sí, pero lo que decide el resultado es otra cosa: fiabilidad, datos, precisión".

Los dos radares B&G operan de forma independiente, lo que permite una vigilancia continua incluso si uno de los sistemas necesita intervención. Los pilotos automáticos —también B&G— trabajan en rotación para reducir el desgaste durante las guardias en solitario de seis horas, donde la tripulación necesita poder delegar el mantenimiento del rumbo al piloto para atender otras exigencias del barco. En condiciones polares, donde el cansancio acumulado es tan peligroso como el estado de la mar, esa fiabilidad mecánica tiene un valor que no se mide en millas sino en decisiones tomadas con la cabeza despejada.

63 nudos entre icebergs y la Antártida en tiempo real

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El Alegría Marineros cruzó el Círculo Polar Antártico tras dos meses de navegación ininterrumpida desde Castellón, con 14.000 kilómetros navegados y el barco entrando ya en la zona de los "50 aulladores", ese cinturón de latitudes donde el viento no sopla, ruge. La temperatura bajó rápidamente. Los sistemas se congelaron. Y la tripulación pasó a operar en lo que Pedro Jiménez describió con precisión clínica: "Vivimos en condiciones de tormenta casi siempre".

Uno de los momentos más extremos de la expedición quedó registrado en la "La Hora Vertical #07", el formato bisemanal en el que Paula y Pedro abren el micrófono desde el barco para explicar estrategia, meteorología y decisiones en tiempo real. El título lo dice todo: 63 nudos entre icebergs. No es una descripción poética. Es la realidad operativa de navegar el Southern Ocean con un velero de 20 metros y dos personas a bordo.

La Vuelta Vertical es también, y de manera pionera en una expedición de esta envergadura, un proyecto de comunicación en directo 24 horas al día a través de YouTube . Las cámaras a bordo transmiten sin cortes las guardias, las maniobras, las tormentas y los momentos de calma. El plotter es visible en tiempo real. No hay montaje ni épica manufacturada: hay un barco real y un océano real. Es la expedición polar más accesible al público general que se haya realizado.

Ciencia en el lugar más remoto del planeta

Mientras el Alegría Marineros avanzaba hacia el hielo, el laboratorio a bordo seguía activo. La misión científica de la Vuelta Vertical no es accesoria: es uno de sus tres pilares fundacionales, junto con la exploración y la divulgación. El respaldo institucional incluye la Universidad de Alicante, el Instituto Multidisciplinar Ramón Margalef, la IUCN y el programa de la Década de los Océanos de la ONU.

Las líneas de investigación abarcan el muestreo de biodiversidad marina mediante eDNA, el análisis de microplásticos en aguas polares, la medición de ruido submarino y su impacto en mamíferos marinos, y la recogida de parámetros fisicoquímicos del océano. En otras palabras: mientras la proa rompe hielos, el barco también registra el estado real de los ecosistemas más frágiles del planeta, en lugares donde muy pocas plataformas científicas llegan.

En el Atlántico Sur, los avistamientos de orcas y ballenas que acompañaron la entrada en aguas antárticas no fueron solo momentos de belleza salvaje. Para un proyecto que sitúa la conciencia medioambiental como parte de su razón de ser, cada aparición de fauna polar es también un recordatorio del porqué.

Lo que viene

La ruta aún tiene su tramo más exigente por delante. Tras la circunnavegación antártica, el Alegría Marineros debe cruzar el Pacífico hacia el norte, enfrentarse a las borrascas de la corriente de Humboldt, gestionar las incertidumbres del Paso del Noroeste ártico —canales de hielo con ventanas de paso extremadamente cortas— y finalmente completar el arco norte hasta alcanzar latitudes de ~78 grados norte antes de poner rumbo de regreso hacia la Península Ibérica por el Atlántico.

El cincuenta por ciento del recorrido transcurre en aguas con presencia de hielo. Es un número que explica por qué cada sistema a bordo fue seleccionado no por lo que hace en condiciones normales, sino por lo que hace cuando las condiciones normales han quedado muy lejos por el espejo de popa.

Paula Gonzalvo lo resumió con la economía de lenguaje que impone el océano cuando hay trabajo real por delante: "Abordamos esta ruta por objetivos cortos. La distancia es tan inmensa que necesitamos fragmentarla en hitos alcanzables para mantener la concentración".

El siguiente hito: seguir avanzando.

 

La expedición puede seguirse en directo en vueltavertical.com y en el canal de YouTube de Vuelta Vertical, con emisión 24/7 desde el barco y La Hora Vertical los miércoles y domingos a las 12:00 UTC.

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